Editorial EL CAMPO PSi - Año VIII - Edición Abril 2004 - Editorial Nº 30
Ps. Carolina Galán
                                                         
Sobre Oswaldo Guayasam
ín

Abrir las manos. Que como bien pinta Oswaldo Guayasamín,
pueden ser lágrima, ira, miedo, esperanza, grito, ternura, protesta.
O un silencio que crea otra boca que dice.
Abrir las manos hasta lo impensado.
Hasta que sean  memoria entera,
que marca, que chilla, que no se calma ni se acomoda.
Abrir las manos hasta que sean de esperanza.
Abrirlas para cerrarlas solidarias y etéreas.
Livianas de certezas. Livianas del fracaso/éxito,
y ojala muy colmadas de preguntas, de palabras,
de perplejidades, de asombros...
y entonces muy llenas de posibilidades.
Abrir las manos para construir.
Abrirlas para no aceptar las cosas como dadas...
Aquí abre sus manos Julio Cortázar:
"...Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha
y mi dicha al mismo tiempo fue el no
aceptar las cosas como dadas. A mi no me bastaba
con que me dijeran que eso era una mesa,
o que la palabra "madre" era la palabra "madre"
y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto
mesa y en la palabra madre empezaba para mi
un itinerario misterioso que a veces llegaba
a franquear y en el que a veces me estrellaba..."
Ser manos itinerantes. Ser manos misterio,
que empiezan y franquean, que surgen y se estrellan...
Abrir las manos. Abrirlas miedo. Abrirlas ira.
Abrirlas ternura. Abrirlas palabra. Hacerlas memoria.
Memoria entera, que marca, que chilla, que no se acomoda.
Abrir las manos.